mararretrato por germán el izquierdo

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¡hermoso!

miércoles 26 de octubre de 2011

88. about Justin Bieber


Siempre las observaciones de los demás son las que me incitan a precisar y pulir mis ideas tiradas al acaso. A sistematizar, digamos. Decía yo estos días que las pibas que a los 5 escuchan la música de Panam y a los 12 la de Justin Bieber no será extraño que a los 18 miren a Tinelli y voten a de Narváez: cosas de descerebrados, tout se tient.

Esto no implica, claro, un mecanicismo. No es de la índole de la explicación. Más bien ilustra un paradigma que se repite con frecuencia estadística estimable: sin dudas muchos escuchas de música de mierda (como Cage, Wachiturros o Bieber) votarán a candidatos buenos, pero será azaroso: si no sabés usar la cabeza, no la sabés usar y punto.

Si no sabés usar la cabeza, te la usan, como Tinelli desde hace hace décadas o de Narváez en 2009. o C5N o TN o 678: si sos un pelotudo, te manipulan. La culpa de la manipulación no es sólo del manipulador (el perverso) sino también del manipulado (el sometido): lo que subyace detrás de un gusto artístico filisteo o pelotudo es una persona filistea o pelotuda. Hay un paradigma conductual que Freud llevaría mucho más lejos, pero que puede servir como guía para entender mi tirria contra gente así (contra los sometidos, los hílicos, los acríticos, los consumidores).

Pero, por supuesto, no es lo que escuchás o leés o estudiás lo que te hace inteligente (si no, las universidades estarían llenas de gente inteligente), sino el proceso de apropiación del conocimiento o la forma de alcanzar el placer. eso es, para mí, lo que diferencia a una persona con espíritu crítico de un pelotudo que escucha a Beethoven porque es un bronce, o que va a la ópera porque es de gente bian, o cualquier otro motivo banal y sometido.

A veces en mis comentarios quedan todas estas aclaraciones implícitas en una línea (para mí, que no tengo vocación de socializar lo que pasa por mi cabeza). Más allá de ser una característica propia del género discursivo mentado, es algo que también pasa y creo yo que es necesario que pase en los buenos libros (o CD o films): para mí, parte de la magia del asunto está en que el lector (diría Nietzsche) continúe el camino por sí mismo a partir del comentario que leyó, así como una continúa el camino por sí misma cuando no le quedó todo claro en un texto o en una obra. Precisamente esa tarea de desmalezamiento de lo indeterminado en un discurso (verbal, pictórico, musical, audiovisual) es la que produce el pensamiento crítico y lleva al crecimiento personal. Y ese camino representa precisamente todo lo contrario de la acrítica aprobación al bronce (Beethoven) la originalidad sin belleza (Cage) o la música que te pone al alcance del oído desde tu más tierna infancia la sociedad de consumo (Bieber).

Todas estas reflexiones son abstrusas (y hasta imposibles) de fundamentar o aun formalizar y, en última instancia, remiten a instancias de legitimación únicamente personal (digo: que pertenecen al género de los koanes). Esto es así porque el camino de desarrollo de lo que Foucault denominaba “técnicas de sí” es intransferiblemente personal, niega el método como talismán para llegar a un resultado siempre igual (ta matemata: lo ya conocido).

Ahora bien, la matematización y formalización de la realidad es la técnica paradigmática de asir (en el sentido de que entiende el conocimiento como un acto invasivo, de la índole de la manipulación y la dominación) la realidad fenoménica de un tipo de mentalidad llamada capitalismo, en este caso, en su variante última: la sociedad de consumo. La sociedad de consumo traslada el adagio de Galileo (“la naturaleza está escrita en caracteres matemáticos”) al ámbito humano e inventa así la educación formal, pero también los standings de lo que podríamos llamar “el sujeto publicitario”, que aprovecha o directamente formula e impone estilos de consumo que luego la persona apropia: aquí, el camino hacia la madurez de la persona viene dado desde afuera, sin ser asimilado críticamente, personalmente; el consumidor acrítico es objeto pasivo de la acción: toma lo que le ponen al alcance de la mano (Luhmann llamó a esto “la democracia”).

En las técnicas de sí, por el contrario, lo que vale es el camino que cada persona recorre y el modo como lo recorre y se apropia de los materiales culturales; es un camino hacia la libertad como lo entendían estoicos o epicúreos. La educación formal simplemente entrega títulos, y convierte en “filósofos” a ignaros como Tomás Abraham o Alejandro Rozitchner (pasticheadores de los materiales culturales, que entregan a sus acólitos como una prepizza que sólo hay que hornear: es un contrato de común acuerdo); en cambio, Nietzsche jamás tuvo título de filósofo. Lichtenberg acotaba al respecto que “la educción forma especies, no personas”.

Pues bien: precisamente ese camino individual es lo que obtura el hecho de que un pibe escuche a Justin Bieber a los diez años. No por el pobre Bieber, que hace sin dudas lo mejor que puede, sino por el modo como le llega al pibe que lo escucha: como algo predigerido, que incita, crea, apuntala o consolida la pasividad.





el ídolo de las preadolescentes de clase media.

1 comentarios:

mara ♀ dijo...

perdón por el mazacote del último párrafo, pero el pésimo editor actual de Blogger me impide guardar el texto como yo quiero.