El desvarío perpetuo, disperso.
La cabeza como una bacía llena de pis,
la anáfora gálata, tangencial.
El ejercicio huero de las palabras,
el desperezamiento del cadáver andante,
y también la pera roja que me como
y la tristeza lejana como un ocaso
(lejana, pero inmensa),
la vacuidad, sí.

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