huelo a vértigo, a maldad.
y hasta disiento de mi sombra, a veces.
soy esa lezna roja que zahiere la realidad,
la vampiresa brusca que murmura
dilaciones soeces,
insidias trabajosas,
estrépitos sin llanto,
temeridades silenciosas,
la que se otea por encima del hombro
a la hora dorada de las ventanas
a miss coquelicot

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