mi literatura es expresión, signo, no de mi omnipotencia, sino de mi penuria. indicio. síntoma. ¿quién pudo leer jamás otra cosa? soy lo meramente humano, el bofe metafísico.
todo te abandonó. sólo queda esa deriva autónoma que conocés tan bien. nada más queda. sólo el sofoco momentáneo, la apnea literaria donde el poema respira (la apnea literaria que es el poema, quizá; la imposibilidad de esos ojos en tus ojos. nada. pura carne lindando. lindando, intransitivamente.)
el ser como el lindar, como acto. el conocimiento como el linde desde donde atisbamos lo imposible, trémulamente. nos ocultamos como caracoles pelotudos, como radicales, y tendemos a ver lo que menos nos duele. pero todo nos duele, a la larga, y somos ese precario gimoteo, esa mueca. mueca de sí, una misma: mueca: foto, clivaje: farsa: verdad.
el linde. el único lugar desde donde poder intuir lo inalcanzable que nos circunda. la mustia duda trémula, sí. la ceguera. la duda lánguida (vos que sos lo lánguida), rueca absurda que se teje a sí misma, red inconsútil, azar menesteroso, vanidad de afirmar.
eso es la poesía: vanidad de afirmar la propia incongruencia, el absurdo de ser y, no obstante, insistir.
el paludismo. onanismo del trópico, la pompa. me quiero suicidar, pero hasta por ahí nomás: a ver si me aceptan la renuncia.
el humor es un recurso de la cobardía. lo sabemos. somos el espejo del espejo del espejo verde que truena cuando cerramos los ojos y todo es esa invectiva verde en los párpados, la hesitación que se fue, la pura soledad impenitente que flota. sólo eso. el oro quebradizo del otoño. el viento que lo arrastra. la polera multicolor, ¡oh ninfa!, el aliento visible. la soledad.
la soledad. acurrucarse y ser un muñequito de peluche que alguien abraza a la noche sin miedo. un muñequito de peluche, una viruta, un gatito sarnoso, algo que alguien crea digno de ser querido, protegido, banalidades. el rumor del piano sólo miente todos los besos que nos dieron, finge que los devuelve, y nos deja en el exilio de lo amado, única soledad.
el rumor del piano me recuerda la frasecita de bach susurrada por la ninfa allá en el principio del mundo, el día que obliteró la imprecación, que impuso la aceptación de la gracia de presenciar eso (ella), el milagro, otra cosa que me importara y me conmoviera y me disolviera de esta tan monolítica cuan monocorde conciencia cartesiana.
te amo, ergo, no puedo estar con vos. llamame por teléfono para garchar. soy tan darkie, tan emo: vanidades.
fatalidad, como el espíritu del vino que habita en la garganta, y en la cabeza alucinada brevemente, algo como si te mordisquearan dulcemente el clítoris con los labios en un momento que vos no lo esperabas, algo... la fatalidad, el beso del vino, la verdad de ella, más allá de la mueca en que estás encerrada. la mueca literaria.
rubia como el champagne, loca reía por no llorar. siempre reía, hasta cuando lloraba, y siempre lo hacía tan bien que, cuando lloraba, lloraban con ella todos los árboles del mundo, y cuando enfurecía era el diluvio universal, y una quería ser... nada. una era el eco de sus llantos, y de sus besos, y de su sonrisa tímida antes de decir una niñería genial. el susurro en la sombra. eso. los mensajes al oído en émulo (idioma personal de las dos ninfas que éramos) sugiriendo procacidades e ideas atrevidas. un apotegma despuntando allá, inconsulto.
te hablo como en pasado, pero sos mi presente. lo sabés. sólo pretendo trepidar y ni siquiera lo logro. ni siquiera eso. soy... el aleteo inconsulto de un colibrí que no tenía que estar en la foto. un jarrón amarillo y feísimo que quedó ahí porque nunca nadie lo rompió y está, qué sé yo: no jode. es feo, pero no jode.
es así. el mundo es feo, pero no jode. una lo jode al mundo y después lo paga. con creces. una lo sabía, pero bueno, a veces se impacienta. y la historia es una moneda que da vueltas en el aire pero que a veces no tiene lados. cuando llega al piso resulta que no había moneda, y a eso le llaman dios, vocación, patria. una moneda sin lados: la verdad. los labios derruidos. palabras sordas que detonan de lejos.
vocación impaciente de la escriba amanerada, tensa y frenética, que no se afloja ni cuando le rompen todas las vértebras. aunque sea llega eso, la última exhalación del poema acuoso, ultrajante, que somos al final.
al final, la vida sigue igual, querida. aunque sin nosotras. pero falta mucho para el final, yo creo. no sé si eso es bueno o malo, ni siquiera me da la cabeza (o mejor: la gana) para pensarlo. yo sólo quería tocar rocanrol y que la gente se enamorase de mi voz, pero resultó que me dijeron que era jazzera, lindante con coltrane, con varèse, con messiaen empepado con la glándula pineal de jesucristo. algo... tan amenazador como inocuo (arte, digamos). un diapasón blando que se dilata y la nota ya varía: tocás otra vez en ese lugar y ya estamos en otra parte, una zona baldía de la cabeza, donde no hay tiempo y la verdad es el pescado del mundo, la saeta rústica que va a dar en el blanco equivocado y encima rebota, o que no hay blanco y todo son ilusiones trascendentales. y ni siquiera hay inmanencia. hay un albur oceánico que no se puede hablar y punto. y eso que una se esforzó. pero no, niña mía: la verdad es esa rueca que cojea (la verdad cojea) y bueno. es el hado.
al final, la tragedia se disuelve en un chiste trágico, trágico sólo porque una es la implicada (es el chiste, dicho con propiedad). así que no te hagás problema: mañana me levantaré de la mamúa. tendré resaca. pero seré menos infeliz que hoy y habré llorado un poco más, para mi placer. y con eso puedo sobrevivir.
para más, no alcanza.
Angustias
Hace 14 horas

7 comentarios:
jodidamente bueno!!!!!!
bueno, muchas gracias!!!
es la primera repercusión de cualquier tipo que genera este poema, recibido con la más absoluta indiferencia o silencios piadosos :P
besos!!!
qué hermosura
¡qué dulce, muchas gracias, tomás!
Qué dulzura.
Qué dulzura.
<3
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